Como un final inquisidor, me devolvió todo lo que pudo, pero aquella canción que escribí bajo la luz del alma, cerró el círculo inmune al retorno. Sentí el rechinar agudo de una extraña libertad, ésa que duele y se instala en cada partícula encapsulándose bajo la piel. Imaginé entonces que nada más podría resonar en mi frecuencia y la relación materia-alma-deseo volvía a formar parte de una vieja ecuación irresuelta. El dique de contención lacrimógeno apunto de ceder, las coordenadas precisas, el tiempo quieto y absoluto, todo un limbus apunto del derrame...sin embargo, una leve sonrisa tersó mi cara cuando imaginé sus labios devolviéndome cada beso
Una vez más, vuelvo a caminar con las manos, para entender el mundo que complica lo simple y aterroriza la esperanza.
Tal vez por la fatiga de una extensa jornada o simplemente la hora cercana al fin del día, ese Viernes recordó con más intensidad. La fricción del aire sobre su rostro le cargaba de nostalgia el alma. El cielo invadido de luciérnagas inmóviles, señalizaban el sendero hacia la inquebrantable luna como aquella vez de manos entrelazadas y caminata. El transporte público que se escapaba por no ser el correcto desesperanzando su deseo.Otro Viernes más... otro sello del olvido que lacra los silencios.
Supe de minutos robados a la cotidiana y destructiva impronta del día. Tiempo acurrucado entre deseos que dolían por nacer, para redimirse suavemente al arrullo de su voz. Te sentí como un mar que reflota la vida de tanta sal... y morí de tristeza cuando el verde en tu mirar llovió su jade del destino.
El telón de lluvia pareció más pesado esa vez y por horas el reclamo de las chicharras, confundía más al sol que salpicaba torpemente el lomo de los cúmulus sin poder atravesarlos. El retorno será más que húmedo, pensó con cara de maldecir. Fútil fumar sin paraguas y mirando con cierta envidia las descaradas chimeneas, se entregó al abismo infinito de su ruta... caminó las cinco cuadras de siempre y llave en mano, arribó a su morada empapada, malhumorada, perfecta. El flash de la vieja Zenit la cegó y sorprendida por el instante comprendió, la necesidad de eternidad de ese momento de lluvia y blusa traslúcida...
Cuando el resto de los días parecen tentáculos de un destino pravo, recordarte es la única burbuja de intentos que no se esfuma.
Como tantas otras veces, perdí la conciencia. Fue tan veloz que mis párpados no llegaron a cerrarse. La sorpresa invadió mis fronteras que yacían débiles por la batalla anterior y cada intento de resistencia parecía una simple brisa hacia la nada. Sucumbí, doblegó mi deseo de victoria devorando todo cuanto encontró a su paso y vi sus ojos, vidriosos, intensos, sedientos, provistos de la expresión mágica del tiempo, hundidos en los mios con la seguridad de mi estandarte entre sus manos y haciéndome sentir mínimo...invadido por la calma y feliz.