La fachada era otra pero era imposible caer en equívoco alguno pues la dirección ejercía su poder indeclinable inmolando cualquier duda. Enfundada en una nueva estrofa, encontró su piel cuarteada por palabras que alineaban sus puntos como un hilván curtido de cicatrices. Se vio en líneas que bloqueaban el universo de los sentidos sin comas donde detenerse a respirar...todo junto, y acariciando el hielo que transformaba su alma en pasado, oyó el fragor dulce del tiempo rechazando su presencia.
Hoy tampoco vendrá, pensó como piensan las almas despojadas de ubicuidad; se sintió deshumanizado, aunque esa condición lo llevara contradictoriamente a ser más humano aún y la tristeza se le pegara a la piel en frías ráfagas de tiempo. No blasfemó como en otras lluvias por temor a invadir espacios legítimamente perdidos, solo se embriagó de mañanas refugiándose en el marco de la raída ventana... mano a mano con la ilusión.
Como un final inquisidor, me devolvió todo lo que pudo, pero aquella canción que escribí bajo la luz del alma, cerró el círculo inmune al retorno. Sentí el rechinar agudo de una extraña libertad, ésa que duele y se instala en cada partícula encapsulándose bajo la piel. Imaginé entonces que nada más podría resonar en mi frecuencia y la relación materia-alma-deseo volvía a formar parte de una vieja ecuación irresuelta. El dique de contención lacrimógeno apunto de ceder, las coordenadas precisas, el tiempo quieto y absoluto, todo un limbus apunto del derrame...sin embargo, una leve sonrisa tersó mi cara cuando imaginé sus labios devolviéndome cada beso
Una vez más, vuelvo a caminar con las manos, para entender el mundo que complica lo simple y aterroriza la esperanza.
Tal vez por la fatiga de una extensa jornada o simplemente la hora cercana al fin del día, ese Viernes recordó con más intensidad. La fricción del aire sobre su rostro le cargaba de nostalgia el alma. El cielo invadido de luciérnagas inmóviles, señalizaban el sendero hacia la inquebrantable luna como aquella vez de manos entrelazadas y caminata. El transporte público que se escapaba por no ser el correcto desesperanzando su deseo.Otro Viernes más... otro sello del olvido que lacra los silencios.
Supe de minutos robados a la cotidiana y destructiva impronta del día. Tiempo acurrucado entre deseos que dolían por nacer, para redimirse suavemente al arrullo de su voz. Te sentí como un mar que reflota la vida de tanta sal... y morí de tristeza cuando el verde en tu mirar llovió su jade del destino.
El telón de lluvia pareció más pesado esa vez y por horas el reclamo de las chicharras, confundía más al sol que salpicaba torpemente el lomo de los cúmulus sin poder atravesarlos. El retorno será más que húmedo, pensó con cara de maldecir. Fútil fumar sin paraguas y mirando con cierta envidia las descaradas chimeneas, se entregó al abismo infinito de su ruta... caminó las cinco cuadras de siempre y llave en mano, arribó a su morada empapada, malhumorada, perfecta. El flash de la vieja Zenit la cegó y sorprendida por el instante comprendió, la necesidad de eternidad de ese momento de lluvia y blusa traslúcida...