Aveces quisiera poseer la habilidad milimétrica de un simple tornillo y poder acercarme en cada medio giro
...y sentir la necesidad de sostener eternamente la moneda en el aire. Eso siento algunas veces.
Algún día dejaré de abandonar sueños y sentiré mías las hojas recogidas en veredas de otoños anaranjados y soles tibios.
Algún día moriré abruptamente entre rojos intensos de labios suaves.
Algún día acudiré ciego al llamado de su eco.
Algún día redimiré mi ego frente a su mirada verde.
Algún día será presente y rodará la sal acumulada de tanto llanto.
Algún comprenderé la herida profunda e infinita de su ausencia.
La fachada era otra pero era imposible caer en equívoco alguno pues la dirección ejercía su poder indeclinable inmolando cualquier duda. Enfundada en una nueva estrofa, encontró su piel cuarteada por palabras que alineaban sus puntos como un hilván curtido de cicatrices. Se vio en líneas que bloqueaban el universo de los sentidos sin comas donde detenerse a respirar...todo junto, y acariciando el hielo que transformaba su alma en pasado, oyó el fragor dulce del tiempo rechazando su presencia.
Hoy tampoco vendrá, pensó como piensan las almas despojadas de ubicuidad; se sintió deshumanizado, aunque esa condición lo llevara contradictoriamente a ser más humano aún y la tristeza se le pegara a la piel en frías ráfagas de tiempo. No blasfemó como en otras lluvias por temor a invadir espacios legítimamente perdidos, solo se embriagó de mañanas refugiándose en el marco de la raída ventana... mano a mano con la ilusión.
Como un final inquisidor, me devolvió todo lo que pudo, pero aquella canción que escribí bajo la luz del alma, cerró el círculo inmune al retorno. Sentí el rechinar agudo de una extraña libertad, ésa que duele y se instala en cada partícula encapsulándose bajo la piel. Imaginé entonces que nada más podría resonar en mi frecuencia y la relación materia-alma-deseo volvía a formar parte de una vieja ecuación irresuelta. El dique de contención lacrimógeno apunto de ceder, las coordenadas precisas, el tiempo quieto y absoluto, todo un limbus apunto del derrame...sin embargo, una leve sonrisa tersó mi cara cuando imaginé sus labios devolviéndome cada beso
Una vez más, vuelvo a caminar con las manos, para entender el mundo que complica lo simple y aterroriza la esperanza.